La palabra viene de la forma de llamarlos en la edad media “cagots” en Francia y parte de Navarra. Pero antes se les llamó leprosos (común adjetivo de la mayoría de estos pueblos), gafos, crestias y mesillos (sinónimo de leproso).
Gafos ya era un insulto grave en el siglo XII y es el gafe actual, alguien que trae mala suerte a los demás. Crestias viene de cristiano y sugiere algún tipo de “cristiano” especial ya que necesita ser llamado así para que le admitan como tal. Los demás pueblos de esa religión no necesitan ponerse ese nombre para ser reconocidos como tales. En general ese tratamiento suponía, en la edad media y el siglo de oro, indicar un cristiano “nuevo”, reciente, converso, o mal asimilado.
Leproso no sólo significa el enfermo físico de lepra, sino que remite al diferente, al peligroso, al señalado aparte. Y también por derivación del patrón de los leprosos San Lázaro (el santo resucitado con lo que ello supone de proceso iniciático tradicionalmente mágico) remite a alguien iniciado a otra realidad, a otro estado o nivel de consciencia.
Orígenes:
Según alguna teoría serían descendientes de los constructores del templo de Salomón en Jerusalén (teoría que parte de los trabajos típicos agotes, carpinteros y canteros). Según otros serían descendientes de godos arrianos, es decir herejes. También se les ha relacionado con la herejía cátara del sur de Francia, pero esta teoría no se sostiene porque cuando empezaron las persecuciones contra los cátaros en la cruzada francesa, ya estaban los agotes en la zona desde hacía mucho tiempo. Otra teoría dice que podrían ser moros derrotados por Carlomagno.
Diferencias:
En ellos no aparece el orgullo diferenciador presente en otros pueblos malditos. Por el contrario, ellos tendían a silenciar siempre su origen. Es curioso entre sus prendas de vestir el uso de gorros frigios propios de algunas comunidades iniciáticas.
Tenían que llevar en la espalda o el hombro una pata de oca (animal mágico relacionado con el camino de Santiago). Entraban por una puerta distinta de la iglesia y tenían que permanecer en su zona en el interior, que solía ser al fondo a la izquierda. También estaban obligados a llevar el pelo corto para distinguirlos del resto de los campesinos que lo llevaban largo. Tenían prohibido el acceso a estudios y de llevar cualquier arma, salvo un cuchillo despuntado. Tampoco podían ejercer cargos públicos ni coger agua de las fuentes de las que se abastecían los demás. Rincón aparte en los cementerios y prohibido todo tipo de comercio. Sólo se les permitía el oficio de canteros, carpinteros, artesanos, sepultureros y constructores de cadalsos. Músicos también. Algunos de entre ellos llegaron a tener fama de magos.
En 1524 existen documentos por los cuales el rey Carlos I de España y V de Alemania ordena que desaparezca su marginación. Pero en realidad fue desapareciendo poco a poco. En la actualidad ya no se da, ni se les considera diferentes, pero todavía se recela, no se quiere hablar del tema y es difícil obtener información sobre el terreno. Es decir el pasado aún se siente aunque ya no exista.
Hubo una novela publicada en los años 20 por Félix Urabayen y titulada “El barrio maldito” que habla del barrio agote de una localidad.
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