La palabra viene de la forma de llamarlos en la edad media “cagots” en Francia y parte de Navarra. Pero antes se les llamó leprosos (común adjetivo de la mayoría de estos pueblos), gafos, crestias y mesillos (sinónimo de leproso).
Gafos ya era un insulto grave en el siglo XII y es el gafe actual, alguien que trae mala suerte a los demás. Crestias viene de cristiano y sugiere algún tipo de “cristiano” especial ya que necesita ser llamado así para que le admitan como tal. Los demás pueblos de esa religión no necesitan ponerse ese nombre para ser reconocidos como tales. En general ese tratamiento suponía, en la edad media y el siglo de oro, indicar un cristiano “nuevo”, reciente, converso, o mal asimilado.
Leproso no sólo significa el enfermo físico de lepra, sino que remite al diferente, al peligroso, al señalado aparte. Y también por derivación del patrón de los leprosos San Lázaro (el santo resucitado con lo que ello supone de proceso iniciático tradicionalmente mágico) remite a alguien iniciado a otra realidad, a otro estado o nivel de consciencia.